Uno de los errores más comunes al intentar ahorrar es dejarlo para el final: pagar todos los gastos del mes y ver qué queda. El problema es que casi nunca queda nada, porque el gasto tiende a expandirse hasta ocupar todo el dinero disponible.
Ahorrar primero, gastar después
El enfoque contrario funciona mucho mejor: en cuanto entra el ingreso, apartar automáticamente una cantidad fija hacia una cuenta o hucha separada, y organizar el resto del mes con lo que queda. Al no verlo disponible en la cuenta principal, es mucho más difícil gastarlo sin darse cuenta.
Empezar pequeño es mejor que no empezar
No hace falta apartar una cantidad ambiciosa desde el primer mes. Es preferible automatizar un importe modesto pero sostenible, e ir subiéndolo poco a poco, que fijar una meta demasiado alta y abandonar a las pocas semanas.
Un fondo de emergencia antes que nada
Antes de pensar en objetivos de ahorro más ambiciosos, conviene tener cubierto un colchón para imprevistos (una avería, una reparación, un gasto médico). Ese fondo evita tener que recurrir a deuda cuando surge algo inesperado.